martes, 1 de septiembre de 2009

Jaws

El jugar « al tiburón » en las albercas, chapoteaderos, ríos o mares se ha hecho algo habitual en la mayoría de los niños después de las películas de Tiburón (Jaws), incluso hay mucha gente de mediana y avanzada edad que todavía temerosa de aquel escualo asesino cuando sube a un barco, entra a nadar al mar o come camarones en la playa, no puede evitar terminar preguntando a los locales:

- ¿Oiga joven y aquí hay tiburones?

Sin embargo en África, o por lo menos en los países que no dan al mar del citado continente, hay otros peligros que vienen desde los mosquitos e insectos ponzoñosos hasta las bestias animales y no animales más grandes y feroces. Sin embargo, al parecer no existe el mismo tipo de miedo que causo Tiburon.
Claro que la mayora de nosotros al pensar en animales peligrosos y feroces solemos pensar inmediatamente en “Un león” o “un policía” o para otros nada mas temible que “un político devolviendo dinero”. De cualquier forma, lo que aterrorizó a Bangui durante algunos meses no fue ninguna de las bestias mordedoras antes mencionadas, sino un alegre hipopótamo, que aunque regordete, no era para nada tierno como podríamos pensar que son los hipopótamos con sus orejitas.

La historia local cuenta, entre sus diversas variaciones, que hace algunos años los pescadores que con esta actividad se ganaban la vida aprovechando los recursos del río Oubangui, comenzaron a desaparecer misteriosamente.

- “Que cosa mas extraña”
- “Es Bujería”, comentaba la gente.

Por su parte, algunos intelectuales que calificaban de “completamente irracional y ridícula” tal declaración, daban como principal explicación a los misteriosos acontecimientos la migración espontánea de los pescadores a la vecina Republica Democrática del Congo.

-“¿Pero Quien querría ir a la RDC? Si allá están peor que aquí allá todavía hay guerra” se lamentaban desconcertados y atemorizados los habitantes de Bangui.

Un buen día entre el humo de la hierva quemada, el calor y la humedad, se descubrió que lo que aterrorizaba las aguas era nada más y nada menos que un hipopótamo gigante (bueno se ha ido haciendo cada vez mas grande con el pasar de los años). Los mas valientes pescadores salieron en sus piraguas a cazar al animal, algunos de ellos perdieron la vida y los sobrevivientes se ganaron el respeto de los locales por su bravura, pero resultó ser que el mencionado hipopótamo ya había decidido arraigadamente vivir en las aguas de Bangui la coqueta y no era tan fácil de cazar, espantar o convencer de partir a otras aguas. Fue entonces que los resignados pescadores dejaron de pescar en la zona generando muy poca disponibilidad del preciado alimento y su completa desaparición en los restaurantes.

Las autoridades finalmente intervinieron cuando durante una cena elegante en la que se discutiría el restringido presupuesto no hubo pescado como primer plato. Hubo en ese momento un silencio sepulcral en el restaurante en el cual se encontraban, en sus elegantes trajes y gruesas corbatas, todos los ministros en compañía de algunas gacelas de la noche, el Bordeaux más caro, Jack y Jhonny.

-¿Y ahora que hacemos con el protocolo? ¿Seguimos directo al otro plato? Murmuraban preocupados entre si los ministros intercambiando miradas y sin atreverse a preguntar en voz alta para no terminar de una vez y para siempre con su carrera política.

Pero finalmente el primer ministro, bastante indignado, con una llamada telefónica ordeno la absoluta e inmediata intervención de las fuerzas armadas.
Unos días después y habiendo pasado por el aún mas temible monstruo burocrático, los militares recibieron finalmente la orden inmediata de intervenir y salieron de los cuarteles en sus tanques, helicópteros y lanchas motorizadas a dar caza al hipopótamo come hombres (los hipopótamos son vegetarianos pero al igual que se hizo gigante con el tiempo se hizo también come hombres).

La cosa estuvo a punto de convertirse en un incidente internacional con la RDC pues de ese lado del río no comprendían a que se debía tal despliegue militar en las aguas del fronterizo río Oubangui. Pero justo antes de que todo pasara a mayores y gracias a una elaborada estrategia, los militares dieron caza al pesado y territorial animal…
Poco después de haber ejecutado al terror de las aguas y con los fines de tranquilizar a la gente, presumir con el país vecino y promover nuevamente la pesca en la zona para evitar que los ministros tuvieran que sufrir nuevamente la vergüenza de inesperados cambios en el protocolo de las cenas elegantes, el cadáver del mamífero fue atado a un helicóptero y paseado durante algunas horas por los aires de la coqueta capital de la Republica Centroafricana. Todos pudieron comprobar la heroica labor de las fuerzas armadas.
Una vez que el cadáver de la voladora bestia salvaje fue paseado y ventilado por los aires de Bangui, se procedió sin más que la siguiente pregunta a disponer de él.

- ¿Y ahora que hacemos con él mi General?
- Que preparen in-me-dia-ta-men-te la parrilla!! y que decomisen dos, no, tres camiones llenos de cervezas por que hoy hacemos parrillada.

Y así, orgullosos de su presa y en una revancha por los acaecidos a causa del salvaje animal, el hipopótamo completito fue a parar, por lo menos por algunas horas, a los estómagos de los bien bebidos militares.
Se dice que el hipopótamo alcanzo para todo el batallón, que la fiesta duro por tres días y que no quedo absolutamente ningún rastro de él, incluyendo piel y huesos.

Del lado del reino animal, tal vez el ver al hipopótamo por los aires colgando de un helicóptero sirvió de lección a sus familiares de la región, pues nunca desde aquel entonces se ha visto otro en las aguas de Bangui.

A pesar de lo traumático y aterrador en todos los diferentes sentidos de la leyenda de éste hipopótamo gigante, come hombres y volador, los niños que se bañan en estos días en las aguas del río o en la alberca del “Rock Club” no suelen jugar al “hipopótamo”. No se oyen los gritos de los niños al chapotear diciendo “hay viene el hipopótamo, el hipopótamo” mientras escapan de aquel inocente al que democráticamente le toco ser el animal salvaje, como es el caso del juego del tiburón.
En la actualidad hay que viajar una hora para, con suerte, ver a uno que otro traumatizado hipopótamo, pero los rumores dicen que el ejército tiene listos el helicóptero y la parrilla en caso de que otras monstruosas fauces (Jaws) decidan aparecer nuevamente en las aguas del río Oubangui.

No hay comentarios:

Publicar un comentario