De nueva cuenta ya hace algún tiempo que no escribía, más por causa de impedimentos tecnológicos y logísticos que por falta de tema o inspiración pues hay muchas cosas que quisiera compartir.
Podría empezar a escribir sobre un huracán que nos ataco después de un paseo en el río y día de playa haciendo que la palapa en la que placidamente reposábamos se convirtiera en “Lo que el viento se llevo” y terminamos caminando en traje de baño hasta una aldea próxima para intentar conseguir como regresar a Bangui por vía terrestre.
Podría contar también que tuve una muy buena fiesta de cumpleaños gracias a Marie Christine, Lucie, Felix, Santi y los amigos de Bangui donde, aunque no se me cantaron las mañanitas mas que por Internet, se me canto el “Cumpleaños Feliz” en español, inglés, francés, coreano, italiano, portugués, croata, japonés, sango y alemán y que a pesar de la buena celebración, la desventaja fue hacerla en miércoles y sufrirla el resto de la semana.
Y también por otra parte que ya cumplí un año en RCA y estoy cansado de que cada dia haya por lo menos un problema, de la rutina de la incertidumbre, de la falta de disposición de la gente, de mi jefe, de los colaboradores, de lo difícil que es a veces hasta sacar una copia.
Y ademas, sobre la noche cuando fui a acampar, de las despedidas y de las bienvenidas, de los paseos, de cuando vi al presidente de lejitos y de cómo por ser sociable y andar confundiendo gente terminé tomando cerveza con un embajador.
Pero voy a empezar por lo más reciente. La reserva de Bayanga.
Resulta que finalmente, después de un año de estar en RCA, pude alejarme de Bangui por razones diferentes al trabajo e ir a la reserva Dzanga-Sangha. El viaje comenzó saliendo de Bangui en dos 4X4 con gasolina para el viaje, alimentos y bebidas, cámaras fotográficas y cantando “Heal the World” como buena tribu de ONGistas. El plan era salir el jueves por la tarde y parar a dormir en Mbaïki, donde se nos incorporaría otro acompañante y después seguir hasta Bayanga el día siguiente para llegar allá antes de anochecer, instalarnos y escoger las diferentes actividades en el lugar.
Todo iba muy bien hasta que en el segundo día de viaje la caravana dejo de serlo y se convirtió en un solo carro andando con todos sus hijos menos el de atrás.
Al darnos cuenta de que conducíamos solos, dimos la media vuelta y después de pocos minutos encontramos el otro auto accidentado. Afortunadamente no hubo heridos y los pasajeros solo sufrían de un alza de adrenalina aunque si había fuertes daños estructurales en el vehiculo y no podríamos utilizarlo mas.
Me di cuenta de que los que trabajamos aqui el hecho de buscar cada dia la solución mas eficiente a uno o mas imprevistos ha hecho que las reacciones sean mas rapidas de tal forma que después de sortear el imprevisto, en no mas de una hora ya teníamos otro carro y otro chofer en camino. Sin embargo un elemento tuvo que regresar a Bangui para hacerse cargo del vehiculo “siniestrado”.
Decidimos que un carro se debía adelantar para arreglar las cosas en el parque nacional y otros llegarían después una vez que el segundo auto llegara a la “ciudad” de Boda, punto donde dejamos el carro accidentado.
Después de algunas paradas técnicas y los desagradables controles militares, finalmente llegamos a Bayanga. Como ya era tarde, el centro de información turística estaba cerrado, pero de todas formas como en todo pueblo pequeño, siempre esta la posibilidad de ir a buscar al encargado a su casa y asi hicimos para informar de nuestra llegada y organizar las actividades de los días siguientes y después fuimos al albergue.
El segundo auto llego antes de lo esperado, solo unas horas después de nosotros y aunque con un elemento menos, podíamos ya pensar en las actividades a realizar. Por supuesto lo más destacado es ver a los gorilas y los elefantes en su hábitat natural, pero también hay diferentes paseos y actividades con las comunidades de pigmeos, como cazar en la selva con red, buscar plantas medicinales y fabricar canastas, paseos en piragua por el río Sangha y colecta de vino de rafia.
Sin embargo, la revelación no venia de descubrir el excremento de elefante sino de darse cuenta que no importa que tan grande sea la mierda en la que estés parado, siempre hay que dar por lo menos un paso para salirse …
Cuando bajamos de la plataforma dos de los elefantes más grandes, estaban ya un poco inquietos y al escuchar que nos desplazábamos, corrieron hacia nosotros para cerrarnos el camino y tuvimos que esperar un poco hasta que se movieran para poder regresar.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano para ir a conocer a los gorilas.
Después de una breve explicación en el centro de vicias y de escuchar las medidas de seguridad que en algunos casos parecían sobre todo buenos modales, como el hecho de no señalar, iniciamos la caminata para buscar a la familia de Macumba (si, como la canción solo que este es macho).
Mientras seguíamos avanzando, el guía iba haciendo ruidos con la lengua con el objetivo de informar a los gorilas que era alguien conocido y que no había peligro. Y aunque no los veíamos, al igual que con los elefantes es posible darse cuenta de en donde han estado los gorilas por los rastros en el camino.
Después de una hora de marcha entre la selva, dividimos el grupo en dos para evitar que los gorilas se sientan atacados. El primer grupo partió en silencio y el resto nos quedamos en medio de miles de insectos voladores mezcla de hormigas y abejas que no pican y que hacen miel pero que son tremendamente molestos por que son muchos al mismo tiempo volando en tus orejas.
Una vez que el primer grupo regreso, fue nuestro turno para ir a ver a los peludos primos en su hábitat natural.Sin embargo, en la selva no es tan fácil ver a mucha distancia pues la enorme cantidad de follaje impide distinguir cualquier cosa a mas de 10 metros y lo primero que pudimos distinguir en nuestra visita eran unas siluetas negras, después al gran macho dominante o espalda plateada de nombre Macumba reposando placidamente mientras los pequeños jugaban a su alrededor.
Todos sabían de nuestra presencia pero decidían ignorarnos, solo los pequeños tenían mas curiosidad por ver lo que nosotros hacíamos. Ellos jugaban, se golpeaban el pecho y aplaudían tal y como hemos visto en las películas, solo que lo veía en realidad y a 7 metros de distancia, se les podían ver los ojos, los gestos e incluso ver un poco su personalidad, al caminar, al moverse.
El viaje valió mucho la pena seguro sera una de las experiencias mas especiales que tenga jamás y una de las cosas buenas por las que voy siempre a la Republica Centroafricana.
Impresionante viaje, felicitaciones!!!!
ResponderEliminarSaludos desde Argentina,